Chistes de suegras
Cortos, largos, malos, buenísimos, de Jaimito y de animales. Para cualquier edad y ocasión.
El castigo para la bigamia
¿Sabes cuál es el castigo para la bigamia?
Lo que le debo a Italia
—Yo le debo a Italia los mejores momentos de mi vida. —Pero si nunca has estado en Italia...
En estado crítico
El yerno va donde el médico y le pregunta por su suegra: —¿Cómo está, doctor? —En estado crítico.
La familia de la carretera
Una pareja va de viaje en auto y pasa junto a un campo lleno de cabras, ovejas, caballos y vacas. La mujer dice: —¡Anda, cariño! No sabía que tenías familia por aquí.
Primero el trabajo
Marcelo está trabajando cuando su jefe le pregunta: —Oiga, ¿no piensa ir al velorio de su suegra?
El premio al mejor conductor
La policía detiene a un hombre en la carretera: —Buenos días, señor. Lo hemos vigilado desde el último pueblo: respeta todas las normas y se detiene en todos los semáforos. Le vamos a dar el premio al mejor conductor. —No, pero si yo no tengo licencia de conducir —dice el conductor. —No le haga caso, que está bebido —dice su mujer.
Mi suegra es un ángel
—Oye, mi suegra es un ángel.
Se busca perro y suegra
Aviso clasificado: «Se buscan perro y suegra perdidos.
La foto de la suegra
—Oye, ¿a ti no te cae mal tu suegra? —Sí. —¿Y entonces por qué llevas su foto en la cigarrera?
¿Qué es una araña?
—Papá, ¿qué es una araña? —Un pequeño ser depredador y venenoso que paraliza a sus presas y se dedica a tejer. —¿Como la abuela?
El marido marinero
Dos amigas: —Mi marido es marinero: pasa once meses en el mar y uno en casa. —Vaya... ¿se te hará eterno?
El epitafio de la suegra
Era una suegra tan mala, tan mala, que cuando murió le pusieron este epitafio:
¿A quién salvarías?
Le dice una mujer a su marido: —Si un león nos atacara a mí y a mi madre, ¿a quién salvarías primero?
El libro para pasar de los 100
Una mujer le dice a su marido: —Cariño, ¿dónde dejaste el libro «Cómo pasar de los 100 años»?
Adán, Eva y la serpiente
—Buenas, lo llamamos por una encuesta. ¿Su nombre? —Adán. —¿Y el de su mujer? —Eva. —¡Increíble! ¿Y la serpiente vive ahí también?