Historias graciosas absurdas
Nasreddín, Pedro Urdemales, anécdotas reales y cuentos populares con final inesperado.
El récord del rompecabezas
—Vengo a inscribirme en el libro de los récords. —¿Qué ha hecho usted? —Armé este rompecabezas en solo un año. —¿Y cuál es la dificultad?
El pez condenado
Un vecino de Chelm compró un pez vivo el viernes para cocinarlo el sábado y lo llevaba debajo del abrigo. El pez se agitó y le dio un coletazo en la cara. El hombre fue a quejarse ante el tribunal del pueblo, y los sabios jueces deliberaron con toda seriedad.
El sacristán que dio los avisos
Un domingo el cura amaneció enfermo y le encargó al sacristán dar los avisos: que no habría misa pero que rezaran el rosario; que el jueves era vigilia porque el viernes era San Simón y San Judas; y que Pedro Martínez y María Jiménez se iban a casar, y si alguien sabía de algún impedimento, que avisara. Nervioso ante tanta gente, el sacristán anunció:
Por la tarde no trabajan
Un hombre llega a la puerta del ayuntamiento y le pregunta al guardia: «Perdone, ¿por la tarde no trabajan?».
El viaje por Italia
—¿Qué tal tu viaje por Italia? —Muy bien: estuve en Roma, en Milán y en Temeo. —¿Temeo? Nunca había oído hablar de esa ciudad. —Es grandísima y muy famosa. —¿Seguro que se llama Temeo?
El alpinista que cayó
Dos alpinistas escalan una pared muy empinada y uno se suelta de la cuerda. «¡Juan! ¿Estás bien?». «Sí...». «¿Te hiciste daño?». «No...». «Voy a bajar a ayudarte. ¿Cuántos metros estás por debajo de mí?».
Tarzán y el ratón
Va Tarzán por la selva y se encuentra con un ratoncito. «Tan chiquito y con bigotes...», le dice. El ratón lo mira de arriba abajo y le responde:
El elefante del ascensor
Un elefante trabajaba de ascensorista. Entró un ratoncito apurado y el elefante le preguntó: «¿Qué piso?».
¿Qué quiere?
Un señor entra a un bar. El mesero le pregunta: «¿Qué quiere?». «¿Que qué quiero? Una casa más grande, más dinero...». «No, hombre, ¿qué desea?». «¿Que qué deseo? Una mansión, ser millonario...». «¡No, hombre! ¿Qué va a ser?». «¿Que qué va a ser? Yo prefiero que sea niña, pero si es niño no me importa». «¡No, hombre! ¿Qué va a tomar?». «¡Ah, eso se dice antes! ¿Qué hay?».
El imitador de pájaros
Un hombre va al circo a pedir trabajo. «¿Y usted qué sabe hacer?». «Imito a los pájaros». «¡Bah! Eso lo hace cualquiera». «Ah, bueno... en ese caso...».
La cabra disfrazada
Un señor quería subir a un barco con su cabra, pero el de la aduana le dijo: «La cabra no pasa». Un amigo le aconsejó: «Píntala de negro, ponle un bozal y dirá que es un perro». Así lo hizo, pero el aduanero insistió: «¡Le dije que la cabra no pasa!». «¡No es una cabra, es un perro!». «¿Ah, sí? ¿Y esos cuernos?».
Las huellas en la nieve
En Chelm había un ayudante que cada mañana pasaba casa por casa despertando a la gente para ir a rezar. A los vecinos les daba pena que sus pisadas estropearan la nieve recién caída. Tras mucho pensar, dieron con la solución:
Las nueve monedas del sueño
Una noche Nasrudín soñó que alguien le daba nueve monedas. En el sueño regateó: «Vamos, que sean diez». Y luego: «Mejor once». En plena discusión se despertó y vio que su mano estaba vacía. Entonces cerró los ojos de nuevo, extendió la mano y dijo:
El sacacorchos
Llamada a urgencias: «¡Doctor, un amigo se tragó el sacacorchos justo cuando íbamos a cenar!». «¿Y qué han hecho?».
Las piedras de Chelm
Los de Chelm decidieron construir una sinagoga y mandaron a unos hombres fuertes a la montaña a buscar piedras. Los hombres bajaron sudando con las piedras al hombro. Al verlos, el guardia del pueblo gritó: «¡Tontos! ¡Debieron hacerlas rodar montaña abajo!». A los hombres les pareció una idea excelente.
El pescador
Nasrudín salió a pescar con unos hombres. Ellos echaron la red al mar... y Nasrudín se tiró dentro de la red. «Mulá, ¿qué haces?».
¿Ya estoy lo bastante lejos?
Una noche la esposa de Nasrudín le dijo: «Hazte un poco más allá». Nasrudín se levantó, tomó sus zapatos y se puso a caminar. Caminó durante dos días seguidos. Al final se encontró con un hombre y le pidió:
El buey veloz
El gobernador invitó a Nasrudín a un torneo a caballo. Nasrudín llegó montado en un viejo buey y todos se echaron a reír. «Mulá, ¿por qué vienes en ese buey, si no puede correr?».
Migas contra los tigres
Un vecino encontró a Nasrudín esparciendo migas por toda su casa. «¿Por qué haces eso?». «Para mantener alejados a los tigres». «Pero si por aquí no hay tigres», dijo el vecino.
Recuerdos de Carlos
Dos amigos se encuentran. —¡Recuerdos de Carlos! —Gracias. —¡Recuerdos de Carlos! —Gracias... —¡Recuerdos de Carlos! —Gracias... —¡Recuerdos de Carlos! —Ya, ¿no?
El pato y el cerdo
Un hombre va por la calle con un pato bajo el brazo. Se cruza con un amigo que le pregunta: «¿Qué haces con ese cerdo?». «¿Estás ciego? ¿No ves que es un pato?».
El carrete de fotos
Un señor que nunca había tenido una cámara recibe una de regalo. Va a la tienda de fotografía y pide un rollo de película. El dependiente le pregunta: «¿Seis por nueve?».
El torero solitario
En plena corrida, el torero grita: «¡Déjenme solo! ¡Déjenme solo!». «Pero, maestro, si está usted solo».
El caracol atropellado
Un caracol fue atropellado por una tortuga. Despierta en el hospital de caracoles y su esposa le pregunta: «Cariño, ¿qué pasó?».