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Historias graciosas cortas
La esquina doblada marca lo que aún no leísteEl carrete de fotosUn señor que nunca había tenido una cámara recibe una de regalo. Va a la tienda de fotografía y pide un rollo de película. El dependiente le pregunta: «¿Seis por nueve?».El torero solitarioEn plena corrida, el torero grita: «¡Déjenme solo! ¡Déjenme solo!». «Pero, maestro, si está usted solo».El caracol atropelladoUn caracol fue atropellado por una tortuga. Despierta en el hospital de caracoles y su esposa le pregunta: «Cariño, ¿qué pasó?».El atraco en el parqueUn anciano hace ejercicio en el parque y se le acerca un joven: «Disculpe, señor, ¿no ha visto a un par de policías por aquí?». «Pues no, ¿por qué?».En bicicletaLos Reyes Magos le trajeron una bicicleta a Jaimito. «¡Mira, mamá, con una mano!», gritó al rato. «¡Mira, mamá, sin manos!», gritó después. Y un poco más tarde:La herencia del cartero—Cuando mi padre murió, a mi hermano mayor le dejó las afueras del pueblo, a mi hermano menor la parte norte y a mí todo el centro del pueblo. —No sabía que tu padre fuera rico.El perro talentoso—Mi perro es extraordinario: cuando quiere, baila; cuando quiere, me trae las pantuflas; cuando quiere, canta como Sinatra. —¿En serio?El récord del rompecabezas—Vengo a inscribirme en el libro de los récords. —¿Qué ha hecho usted? —Armé este rompecabezas en solo un año. —¿Y cuál es la dificultad?Un honor para el príncipeA fines de la década de 1890, Mark Twain dio una charla en el Savage Club de Londres y lo nombraron miembro honorario. Le explicaron, muy solemnes, que solo tres hombres habían recibido ese honor, entre ellos el príncipe de Gales. Twain respondió:El lado derechoUn huésped dormía en casa de Nasrudín cuando se apagó la vela. «Mulá, tienes una vela a tu derecha; pásamela y la encendemos».Ojalá encuentre algoUna noche la esposa de Nasrudín le susurró: «¡Mulá, hay un ladrón en la casa!».Por la tarde no trabajanUn hombre llega a la puerta del ayuntamiento y le pregunta al guardia: «Perdone, ¿por la tarde no trabajan?».El alpinista que cayóDos alpinistas escalan una pared muy empinada y uno se suelta de la cuerda. «¡Juan! ¿Estás bien?». «Sí...». «¿Te hiciste daño?». «No...». «Voy a bajar a ayudarte. ¿Cuántos metros estás por debajo de mí?».La valiente del dentistaUna mujer llega apurada al dentista con su esposo: «Necesito sacar una muela, pero sin anestesia, que tenemos prisa. Hágalo lo más rápido posible». El dentista, impresionado: «¡Qué valiente es usted, señora! ¿Cuál es la muela?». La mujer se voltea hacia su marido:El permiso—Jefe, ¿puedo salir hoy dos horas antes? Mi esposa quiere que la acompañe de compras. —De ninguna manera.El abogado convincenteAl terminar el juicio, el abogado le dice a su cliente: «Gracias a mi defensa lo declararon inocente. Pero, en confianza, ¿usted robó el banco?».El que corría tras el autobúsUn autobús con sesenta pasajeros baja una montaña a toda velocidad y detrás va un señor corriendo, desesperado. Un conductor que pasa le grita: «¡Jefe, déjelo, que ya no lo alcanza!».¿Rezas antes de comer?Un niño invita a un amigo a almorzar a su casa. Al sentarse a la mesa, le pregunta: «Oye, ¿tú rezas antes de comer?».El imitador de pájarosUn hombre va al circo a pedir trabajo. «¿Y usted qué sabe hacer?». «Imito a los pájaros». «¡Bah! Eso lo hace cualquiera». «Ah, bueno... en ese caso...».La tinta china—Mamá, ¿cuesta mucho un frasco de tinta china? —No, hijo, es barata, no te preocupes.La consulta rápidaUn hombre va a un abogado: «¿Cuánto cobra por una consulta rápida?». «Mil por tres preguntas». «Vaya, ¿no es un poco caro?».El sacacorchosLlamada a urgencias: «¡Doctor, un amigo se tragó el sacacorchos justo cuando íbamos a cenar!». «¿Y qué han hecho?».El verbo andarEn clase, la maestra pide: «Jaimito, conjuga el verbo andar». «Yo... yo ando... tú... tú andas...». «¡Más deprisa!».¿Cuándo llegaste del cielo?Un ateniense hablaba con mucha autoridad sobre los meteoros y los fenómenos del cielo. Diógenes lo interrumpió:El pescadorNasrudín salió a pescar con unos hombres. Ellos echaron la red al mar... y Nasrudín se tiró dentro de la red. «Mulá, ¿qué haces?».Como pez en el aguaDos amigos hablan de sus hijos: —El mío, en su nuevo trabajo, está como pez en el agua. —¿Ah, sí? ¿Y qué hace?Las pastillas de la felicidadUn vendedor ambulante pregona: «¡Pastillas de la felicidad! ¡Vendo pastillas de la felicidad!». Un hombre compra unas, se las toma y al rato vuelve furioso: «¡Oiga, pero si son aspirinas!».David y GoliatLa maestra pregunta: «Jaimito, ¿con qué mató David a Goliat?». «Con una moto, señorita». «¿Cómo que con una moto? ¡Fue con una honda!».Las manzanas burlonasEn un árbol hay muchas manzanas. De pronto una se cae y todas las de arriba se ríen de ella. La manzana caída les responde:La edad del dinosaurioEn el museo, un visitante pregunta al guía: «¿Cuántos años tiene este dinosaurio?». «Setenta millones y treinta y siete años». «¡Qué precisión! ¿Cómo lo calculan?».Entrar cuando todos salenDiógenes tenía la costumbre de entrar al teatro justo cuando todos salían, chocando con la multitud. Le preguntaron por qué.La reservación—Hola, quisiera reservar una mesa para cenar mañana. —¿Cuántos serán? —Unos seis o diez, más o menos. —Necesito saber cuántos confirmados.El dentista rápido—Tengo que sacarle la muela, pero no se preocupe, solo tomará unos cinco minutos. —¿Y cuánto me costará? —Noventa. —¡Noventa por cinco minutos de trabajo!El pato y el cerdoUn hombre va por la calle con un pato bajo el brazo. Se cruza con un amigo que le pregunta: «¿Qué haces con ese cerdo?». «¿Estás ciego? ¿No ves que es un pato?».Los mosquitos con linternaUn niño no podía dormir: «¡Papá, los mosquitos me están picando!». «Apaga la luz y duérmete», le dijo su papá. Al rato entró una luciérnaga por la ventana y el niño gritó:Busco un hombreDiógenes apareció un día en pleno mediodía, en medio de la ciudad, con una lámpara encendida. Cuando le preguntaron qué hacía, respondió: